La discusión con Andrés se tornaba interminable. Ninguno de los dos podía tener certezas sobre el futuro de las izquierdas latinoamericanas y la calurosa noche que caía sobre el malecón de La Habana , tampoco podía dar luz a nuestros pensamientos.
Aturdidos luego de varias rondas de un áspero ron, comprado a esos jóvenes que los veíamos como defensores de la revolución, pese a que las canciones que brotaban de sus equipos de mp3 hablaban de “libertades” “gap” y nuevas formas de vida tan solo animándote a cruzar el mar.
- Vamos argentino, deja de tus pendejadas nostálgicas y marchemos a Varadero a divertirnos un rato!, yo invito añadió Andrés Pirazolli, el famoso abogado Andrés Pirazzoli, famoso porque su corta estatura y desproporcionado peso, generaban una simpatía que el sabia aprovechar (y exprimir) al máximo, mas desde que fue elegido como Director de Greenpeace México.
La idea era tentadora, hacía varios días que estábamos en Cuba y aun no habíamos ido a la playa. -Tomemos una cristal (la cerveza de Cuba) en un bar cerca de la plaza de la revolución y ahí lo meditamos mas despejados , además esos sitios son tranquilos y naturales, sin embargo no figuran en ninguna de las guías turísticas que se venden en las megas librerías a la que el argentino suele pasar sus horas en Buenos Aires, pero si son de esas clases de lugares, en donde una tarjeta personal que digiera “Director de Greenpeace México” nos podía asegurar las mejores bocas, las mejores bocas del caribe y los mas deliciosos cuerpos morenos de todo un país; país cuyas mujeres solo saben amar hasta el desenfreno y buscan endulzarte en sus cuerpos, ya recubiertos de su azúcar (no en vano el mejor azúcar es de allí),;y solo, tan solo por abrir tu billetera y exhibir una tarjeta personal.
-Te tomaran como un amante, como su fiolo de una noche, vas a perder plata Andrés, te untaran el culo y vamos a quedarnos sin plata grito el argentino
En realidad lo que mas deseaba el argentino en ese momento, era estar en su pequeño dos ambientes del barrio del Once, viendo sus revoluciones a travez de los cuadros del che que había comprado en algún puesto de madres de plaza de mayo, y soñándose en la habana con su compañera, sin necesidad de tarjetas o cualquier alcohol barato para darse valor a tomar cualquier decisión por mas mínima que esta fuese.
Mientras pasaban por el Hotel habana Libre, una sonrisa tomó por sorpresa al argentino, una sonrisa que imaginó similar a la que tenían los habitantes de La habana, el dia que entraron las tropas de Fidel, una sonrisa pura y a su vez siniestra, como la que toda su vida pensó en recibir en su vida universitaria, que jamas por supuesto ocurrió.
Al notar que esa sonrisa se proyectaba cada ves mas hacia el rostro con barba pre revolucionaria del argentino, este tomado de un valor (que en su país no tendría) comenzó a acercarse y llamo a la pequeña cubana (rubia) y a su compañera (rubia), haciendo las introducciones tradicionales que todo hombre argentino debe hacer
- Oriéntanos hacia como ir a un lugar divertido dijo con voz segura el argentino (después se sorprendió de haber mencionado la palabra “divertido”, ya que esas calles podían ser cualquier cosa, podían ser artificialmente de cualquier forma, pero bajo ningún modo podían ser catalogadas de divertidas, no se respiraba diversión, mas bien melancolía por ser calles que se forzaban a divertirse para mostrar un paraíso imaginario comunista que ya no existía mas).
Andrés era ajeno a todo este espectáculo, además era notoria la diferencia de edad que había con el grupo del argentino y las niñas cubanas, por lo que supuso y comprendió para sus adentros que durante el resto de la noche tendría un papel secundario, limitándose simplemente a observar el deseo (o tal vez la falta de) de ese argentino por esas bonitas cubanas, a las que lastimosamente les hacia recordar y verlas similares a sus hijas que vivían en el Df., y cuyas ostensibles fotos, llevaba consigo en una hermosa billetera de cuero de caimán colombiano .
Caminando hacia el antro recomendado por las chiquillas, el argentino observó los pies de las cubanas, pies acostumbrados a bailes y a calor tropical, a movimientos, tan distintos a los insípidos pies que veía rutinariamente en sus días de yoga, pero que resultaban desproporcionadamente grandes para el tamaño de sus cuerpos.
Andrés mientras tanto comenzó a preguntar a las muchachas sobre la vida y la revolución, mencionó la necesidad de valorar el sacrificio del pueblo cubano y del deber de todos los americanos de rendir culto a este país, mientras que la compañera de mi amiga de sonrisas, solo reía y brevemente acotaba que ella nunca había salido de los límites de La Habana , que no conocía el resto del “país revolucionario” y que soñaba ir a México (porque de allí había venido la revolución y en su casa en las comidas siempre se hablaba de México). Al argentino le pareció extraño que no menciono Argentina en sus anhelos; tal vez el Che había dejado de ser famoso por La habana en esos años.
Cuando Alma ( recién recordó su nombre dos años después en aquella mesa del bar de cao en el mismo instante en el que ponía fin a su noviazgo), sugirió entrar al antro llamado “Diablo Tun Tun”, el argentino sintió un súbito miedo, y no porque el nombre lo haya vinculado a cualquier índole religiosa (era agnóstico), sino por la facilidad con la que en pocos minutos se había con la rubiecita cubana de pies grandes, tetas de la forma de la isla, y ojos como los del che en la foto de Korda.
Tampoco le agradaban ese tipo de lugares a los que imaginó mal iluminados, con cuerpos entrados en carnes, bailando alrededor de el, bailarines en camisa blanca que estimulados por el barato mojito industrial, hacían contorsiones permanentes a los fines de aproximar sus pelvis a sus morenas acompañantes de pasión en la pista.
Antes de entrar confió al grupo que no sabia (en realidad detestaba) bailar y que no se sentiría cómodo moviéndose al ritmo de una música que tampoco le agradaba, y que tan solo quería entrar, tomarse una cristal (la cerveza de cuba) y disfrutar el momento. Fue entonces que Alma con una deliciosa lengua acaricio su oreja izquierda, lo besó fuertemente y susurrándole le dijo que aquí en estos lugares no se charlaban (tal vez charlar no era lo que en ese momentos pronunció) y que la siga a ella toda la noche.
Adentro ese reflejo imaginario que FB, había tenido sobre el lugar, cambio radicalmente cuando observó amplios salones que olían a perfumes recién abiertos de free shop, habanos mal fumados y prendidos por zombies europeos que bajo la figura del turismo revolucionario solo pretendían saciar su limitada potencia sexual imperial con adolescentes que buscaban desesperadamente euros.
-Que proletario todo esto! comentó Andrés, que a esa altura sentía pena por lo que estaba viviendo y que sus discursos ecoverdes de Greenpeace no le habían enseñado a diferenciar, sin embargo ofreció ir a las chicas a conocer varadero, ya que según ellas (o al menos una) jamás había salido de los límites de la habana.
FB se noto aterrado, y tal vez por un miedo, solo quería estar con Alma, se imagino a Alma como su futura esposa, se vio en una huerta cosechando caña con ellay los pies de Alma (tal vez en ese momento creyó que Alma era su compañera a la que el creía dormida en ese invierno de Buenos Aires donde caía la nieve, mientras en la habana lo único que caía eran gotas de un sudor empañado de alcohol).
-Para chico gritó Alma, tampoco te creas que por tu acento y tu barba revolucionaria!, me vas a besar y poder tocar asi de sencillito y de baratico, acá las cosas no son como te imaginas y si queras sentir el mito de la revolución tenes que ponerte bien y bien puesto.!
Acto seguido con una fuerza desproporcionada para la pequeñez de su figura, tomo del hombro al Argentino y lo arrastro hacia una pieza, que contrarrestaba totalmente con la lujosidad de ese imperial palacio disco de la tropical habana.
Primeramente el argentino se negó a entrar a la pieza a la que era llevado (pero tal vez con las ganas de que allí si, en esa humilde pieza encontraría ese sabor de la revolución perdido) finalmente accedió. Para su sorpresa, la dulce cubana llamó a dos inmensos morenos (no olvidemos que estábamos en un barrio de morenos) a que la socorrieran. Exigieron una cantidad de dinero (a FB le pareció ridícula en proporción por el probable sexo que podía obtener), si es que tendría) y justificaron que si vas a la playa de Varaderos, es que ests dulce chico, para pagar por los servicios de esta mujer nuestra.
Andrés a esta altura solo y con varios mojitos bebidos, comenzó a preocuparse por la ausencia ya prolongada de su amigo y la de su compañera de turno. Sabia que el argentino iba tener sexo esa noche con la chica, por lo que esa ausencia era dudosa, Mientras el ron Habana club le seguía taladrando la cabeza reflexionaba por primera vez con claridad en esa pesada noche, y se convenció para sus adentros que a las revoluciones no la mantienen ni las remeras, ni los cuadros, ni las fotos, ni las estudiantes de cualquier facultad latinoamericana de humanidades, tampoco la revolución se hacia hoy con hombres heroicos, hoy lo que verdaderamente importaba era tener una tarjeta persona a mano que indique tu nombre y tu puesto y cuanto mas alto sea tu puesto, mas revolucionario serías
Luego de ese reposo mental, comenzó a dar vueltas por el lugar, y a el también al notar ese cuarto pequeño, tan diferente al resto del lugar le pareció el lugar mas apropiado para encontrar a su temporal amigo
-Este guey cree que debes cojerte en el peor de los lugares para ser soldado de la revolución, suspiró Andrés, aunque por allí mas bien grito esa frase en el medio de la disco. Por supuesto nadie lo hubiera entendido
Abrió la puerta y sin mediar palabra, como si fuera un robotito hecho por algún estudiante de ingeniería, algo mas bien rustico, torpe, comenzó a sacar de cada uno de sus bolsillos tarjetas, stickers y llaveros de Greenpeace. Acto seguido los dejó sobre la mesa y guiño a los ojos a los morenos y a la rubia, que en realidad a esa hora en el que el sol empezaba a entar por la ventana de la habitación, claramente la mostraban como a una morena con peluca amarilla; FB fue liberado de los brazos morenos y ambos salieron inmediatamente de la discoteca .
Las letras verdes de la multinacional del ambiente, sin dudas fueron más fuerte que cualquier negociación plagada de voces fuertes y demostraciones de hombría latina, incluso mas fuertes que un fajo de 20 euros
Al otro día Andrés Pirazolli viajaba solo en bus de línea comercial a Varadero, mientras el argentino se quedo tomando un helado en Copelia, luego de ver por tv que en Buenos Aires, ese 9 de julio estaba nevando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario